sábado, 15 de julio de 2017

De cuando la gente cambia

Sí, lo más probable es que el problema no sea que la gente cambie. Sino que no nos gusta. Algunas veces ni siquiera nos gusta cuando somos nosotros mismos los que cambiamos. O nuestras vidas. Miramos atrás y siempre vemos algo mejor. Como dijo Eva Heineman, "Qué extraño es el ser humano: la tristeza se diluye con el tiempo y al final sólo quedan grabados los buenos recuerdos. Retenemos sólo lo que queremos sin darnos cuenta." Aunque bueno, tampoco esto es verdad siempre.

Pero la gente cambia. Nos guste o no. A veces para mal. A veces, sí, para bien.

Cuando es para mal... bueno, puede ser porque es objetivamente mal o porque es mal para nosotros. No es que no debamos ser egoístas y pensar que nuestro punto de vista es el más importante. Al fin y al cabo, el nuestro, es el único punto de vista desde el que podremos mirar siempre y el único que nos da más garantías de autopreservación. En un mundo tan inmenso y tan egoísta como el nuestro, el egoísmo es la única postura lógica. Así que, claro, ¿cómo no vamos a ver cualquier cosa desde la perspectiva que nos interesa? Aunque esa cosa sea en realidad otra persona. Entonces, sí, si alguna persona cambia de un modo en el que no nos es conveniente, ese cambio es malo.

Ahora bien, siguiendo ese instinto de autopreservación, puede que esta perspectiva en la que nosotros somos el centro del universo, en ocasiones, no sea la mejor opción. Porque a veces, cuando la gente cambia, duele. Cuando la gente cambia y se convierten personas primas (en adelante P' ), las personas primitivas (P), dejan de existir. Las personas P nos dejaron sus huellas en nuestro mundo. Sus risas, sus consejos,... sus promesas. Pero cuando una persona P ya no existe más, ¿a dónde va todo eso? A ninguna parte. Se quedaron en el pasado. ¿Sus promesas? Ya no hay nadie para cumplirlas. Porque no debemos cometer el error de pensar que una persona P y una persona P' son la misma persona. Hay cierta relación, claro. Al fin y al cabo, P' es una derivada de P. Pero no es lo mismo.

No es que sepa cómo hacer para que duela menos. Pero sí pienso que, quizá, el darse cuenta de que la otra persona que conocíamos o creíamos conocer ya no está, hará que el dolor desaparezca antes. O que la herida sane antes.

Y en un acto de enorme altruismo, observar a la nueva persona que resulta, a P'. Es difícil apreciar a P' teniendo en cuenta que ha venido a ocupar el lugar de la persona apreciada P. No el lugar en nuestras vidas, claro, pero sí el de la vida de P en general, y a ponerla patas arriba sin el consentimiento de nadie. Pero si lo vemos como una nueva vida, como un ser ajeno, quizá nos demos cuenta de que, al fin y al cabo P' es sólo otra persona más que intenta adaptarse al mundo y, encima, a la vida de otra persona anterior. Quizá ser usurpador tampoco es tan fácil.

Quizá, nuestros corazones estarían más en paz si aprendiéramos a decir adiós a P y a compadecernos un poco de P'.

Pero tampoco nadie nos puede culpar de no poder hacerlo.

La otra cara de la moneda es cuando una persona cambia para bien. Joder, parecía imposible que aquella persona primigenia P1 pudiera convertirse en un ser humano decente P2. Pero, de repente, P2 aparece. Y... no sé. ¿Empezamos a creer en la magia? No es una magia de pociones y hechizos que convierte a ranas en personas decentes. Sino a una magia cósmica que parece que sólo existe para nosotros y para hacer que nos maravillemos del universo. Quizás exagero. Pero la gente cambia. Y de repente aquel gilipollas sin remedio ya no existe. Quedó atrás. Y en su lugar ha aparecido alguien renovado, mejor y... "guay" que usa su mismo nombre y apellidos. Y joder, eso es una puta maravilla. Y adoro la magia.

Y al final, todo se equilibra. Y aprendemos que los héroes de las películas y novelas no lo tuvieron nada fácil. Todos somos novatos en esta vida. No paramos de encontrarnos situaciones difíciles que nadie nos ha enseñado a manejar. Y cuando creemos que ya vamos cogiéndole el truco, una nueva situación aparece, un nuevo cambio, una nueva persona.

Y lo único cierto es que esto ha sido una divagación escupida para desahogarme. Porque estoy triste por P y feliz por P2. Y estoy esperando a que todo se equilibre en mi corazón.